Una vez me tocó ver a una empresa invertir semanas —y no poco dinero— en rediseñar su sitio web. Todo era precioso: fotos, colores, tipografías. Cuando por fin lo publicaron, alguien hizo la pregunta incómoda:
—“¿Y qué vamos a decir aquí?”
Silencio.
Ese silencio es exactamente el espacio donde vive la consultoría en redacción y estrategia de contenidos.
Porque no se trata sólo de escribir bonito. Se trata de saber qué decir, a quién, para qué, con qué tono, en qué formato y en qué momento. Y eso, en un mundo saturado de mensajes, vale oro.
Entonces… ¿qué es exactamente la consultoría en redacción y estrategia de contenidos?
La consultoría en redacción y estrategia de contenidos es un servicio profesional que analiza, diseña, ordena y optimiza toda la comunicación escrita de una marca, proyecto, institución o persona.
Cuando hablo de contenidos, me refiero a todo lo que implica redacción:
- Textos para sitios web
- Artículos de blog
- Copys para redes sociales
- Guiones para video o podcast
- Discursos
- Comunicados de prensa
- Newsletters
- Presentaciones
- Informes ejecutivos
- Contenido institucional y corporativo
- Storytelling de marca
- Y sí: también esos textos que nadie quiere escribir pero todos necesitan (manuales, FAQs, documentos internos, etc.)
La consultoría no empieza escribiendo. Empieza pensando. Y pensando bien.
La diferencia entre “producir contenido” y tener una estrategia de contenidos
Producir contenido es como cocinar sin receta: A veces sale algo rico. Muchas veces no. Casi nunca es consistente.
Tener una estrategia de contenidos es:
- Saber qué objetivos de negocio o comunicación debe cumplir cada texto.
- Tener claro quién es tu audiencia real, no la imaginaria.
- Definir qué tono de voz tiene tu marca (y sostenerlo).
- Decidir qué temas sí, cuáles no y por qué.
- Entender cómo se conecta cada pieza de contenido con el resto.
- Y, por supuesto, escribir de forma que Google te entienda y las personas también.
Aquí entra la parte SEO, pero siempre desde el White Hat: nada de trucos sucios, nada de textos inflados de palabras clave sin alma. Hablamos de estructura, intención de búsqueda, profundidad, claridad y utilidad real.
¿Qué hace en concreto una consultoría en redacción y contenidos?
Una consultoría profesional suele incluir:
1. Auditoría de contenidos
Se revisa todo lo que ya existe:
- ¿Qué sirve?
- ¿Qué estorba?
- ¿Qué está mal enfocado?
- ¿Qué se puede optimizar para SEO?
- ¿Qué está diciendo cosas… pero no está logrando nada?
2. Definición de objetivos de comunicación
No es lo mismo escribir para:
- Vender
- Posicionar autoridad
- Informar
- Generar confianza
- Acompañar un proceso
- Contener una crisis
- Construir marca personal
Cada objetivo necesita un tipo de texto distinto.
3. Construcción de la estrategia de contenidos
Aquí se define:
- Temas principales y secundarios
- Jerarquía de mensajes
- Tipos de contenido
- Canales
- Frecuencia
- Enfoques narrativos
- Y, muy importante: qué problema resuelve cada contenido para quien lo lee
4. Definición o corrección del tono de voz
¿Tu marca es:
- Cercana o institucional?
- Técnica o divulgativa?
- Irónica o solemne?
- Combativa o conciliadora?
No es un detalle estético. Es identidad.
5. Lineamientos de redacción y estilo
Para que no dependa de si hoy escribe Juan o mañana escribe María. La marca debe sonar igual siempre. Un manual de estilo y de voz de marca es necesario para ello.
6. Acompañamiento o producción de los contenidos
A veces el servicio se queda en la estrategia.
A veces incluye también la ejecución de los textos.
¿Y dónde entra el SEO en todo esto?
En todas partes. Pero bien hecho.
Una buena consultoría en contenidos:
- Investiga qué está buscando realmente la gente.
- Detecta intenciones de búsqueda (informativa, comercial, transaccional).
- Organiza los contenidos con arquitectura clara.
- Usa palabras clave de forma natural.
- Trabaja títulos, subtítulos, meta descripciones, estructura de encabezados.
- Prioriza textos útiles, profundos y legibles.
Porque hoy Google no premia al que repite más veces una palabra, sino al que resuelve mejor la duda del usuario.
Y eso, curiosamente, es exactamente lo mismo que debería buscar cualquier comunicador decente.
¿En qué casos se puede aplicar la consultoría en redacción y estrategia de contenidos?
Aquí va la parte importante: casi en todos.
Pero especialmente cuando:
- Vas a lanzar un nuevo proyecto, marca o negocio.
- Tu sitio web no convierte o no comunica con claridad.
- Tienes muchos contenidos, pero no generan resultados.
- Tu mensaje está disperso o es incoherente.
- Quieres posicionarte como experto o referente en un tema.
- Tu equipo escribe, pero cada quien jala para su lado.
- Necesitas ordenar tu comunicación interna o externa.
- Quieres crecer en Google sin hacer trampas.
- O simplemente sientes que tienes mucho que decir, pero no sabes cómo estructurarlo.
La consultoría como acto de higiene mental (y estratégica)
Voy a decirlo sin rodeos:
La mayoría de los proyectos no tienen un problema de escritura.
Tienen un problema de pensamiento.
La consultoría en redacción y contenidos sirve para eso:
Para pensar antes de escribir.
Para decidir antes de publicar.
Para construir discurso antes de hacer ruido.
Y sí, también para vender más, comunicar mejor y dejar de improvisar.
Conclusión: escribir es fácil, comunicar con estrategia no tanto
Hoy cualquiera puede producir textos. Pocos pueden construir un sistema de comunicación que tenga sentido, coherencia y resultados.
La consultoría en redacción y estrategia de contenidos es ese paso que separa:
- A quien solo publica
- De quien realmente construye una voz, una narrativa y una presencia sólida
¿Hablamos de tu proyecto?
Si sientes que tu comunicación necesita orden, profundidad, estrategia o simplemente dejar de dar palos de ciego, quizá es momento de sentarnos a ver tu caso.
Puedo ayudarte a:
- Diagnosticar tus contenidos
- Construir tu estrategia
- Definir tu voz
- Y convertir tus textos en una herramienta real de posicionamiento, claridad y crecimiento
👉 Escríbeme y veamos cómo convertir lo que dices en lo que realmente quieres lograr.
Porque las palabras importan.
Pero el sentido de las palabras importa mucho más.


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